Muchos abogados tienden a analizar su práctica profesional de manera aislada, como si su desempeño dependiera únicamente de su conocimiento jurídico, su ética de trabajo o su capacidad argumentativa. Sin embargo, el ejercicio de la abogacía no ocurre en el vacío: se desarrolla dentro de un mercado de servicios jurídicos sometido a reglas económicas, presiones competitivas y
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Durante décadas, la abogacía se entendió —y en buena medida todavía se enseña— como una profesión eminentemente técnica. Saber derecho, dominar las leyes, conocer la jurisprudencia y argumentar con solvencia parecían condiciones suficientes para construir una práctica profesional exitosa. Bajo esa lógica, el mercado se encargaría de recompensar al buen abogado: los clientes llegarían solos,
Los abogados tienen obligaciones éticas para con sus clientes que se basan en deberes tan esenciales y obvios, pero también tan olvidados como los de lealtad, competencia y confidencialidad. Estos principios éticos no son nuevos; los profesionales del derecho debemos recordar que tales principios están diseñados para garantizar que los abogados actuemos en el mejor
Si bien siempre ha sido importante para los abogados conocer sobre argumentación, en los últimos años se ha vuelto un tema imprescindible. Desde la reforma penal, al incorporar la oralidad al sistema acusatorio, las partes deben formular sus alegaciones y recursos mediante la palabra hablada. Los abogados, por tanto, deben contar con las herramientas necesarias
