¿Qué hacer para ajustarnos a la nueva jornada laboral?
Maestría en Derecho Laboral
Ofrece un enfoque integral sobre el nuevo modelo de justicia laboral: conciliación obligatoria, oralidad, legitimación sindical y relaciones colectivas.
Por Mercedes Carbonell Peláez
2026 está por terminar y el primer ajuste de la jornada laboral está cada vez más cerca. A partir del 1 de enero de 2027, el máximo de trabajo ordinario semanal se reducirá de 48 a 46 horas. Hay que recordar que esta reducción horaria no implica una reducción en salarios ni prestaciones.
Prepararnos para esa fecha requiere más que modificar los horarios de entrada y salida. ¿Qué debemos hacer desde ahora y qué debemos tener en cuenta para el próximo año y las siguientes etapas de la reducción de la jornada laboral?
- Entender cómo funciona cada equipo. Necesitamos hacer un diagnóstico para conocer qué tareas se realizan, cómo se distribuyen las cargas de trabajo y qué actividades consumen más tiempo. Este ejercicio nos permitirá reconocer buenas prácticas, identificar áreas de oportunidad y comprender por qué algunas formas de trabajo funcionan mejor que otras. Con ese mapa podremos evitar decisiones a ciegas y dirigir los ajustes de manera estratégica hacia los puntos que realmente requieren atención.
- Definir la medición de productividad por área. Trabajar más horas no nos hace automáticamente más productivos, y trabajar menos tampoco garantiza mejores resultados. La reforma nos obliga a aprovechar mejor el tiempo y a revisar cómo evaluamos el trabajo de cada equipo. Para algunos serán relevantes los tiempos de respuesta; para otros, las fechas de entrega o la calidad del servicio. Las metas deben adaptarse a esas diferencias, plantearse en rangos realistas y revisarse conforme aprendamos qué puede lograr cada área y en qué condiciones para evolucionar a medida que mejoremos los procesos.
- Agilizar el funcionamiento de cada área. A partir del diagnóstico, podemos revisar la distribución de tareas, los turnos y los pasos de cada proceso. Conviene simplificar actividades, eliminar duplicidades y resolver cualquier obstáculo que retrase el trabajo. También necesitamos aclarar responsabilidades y mejorar la coordinación entre áreas, para que las tareas avancen sin depender de instrucciones repetidas o de gestiones que podrían resolverse de forma más sencilla.
- Incorporar tecnología con supervisión. La incorporación de tecnologías puede facilitar ciertas tareas, sobre todo aquellas repetitivas, y agilizar algunos procesos. No obstante, esto no se puede implementar de manera genérica, sino que debe responder a las necesidades de cada equipo. Además, es importante resaltar que su uso requiere supervisión continua para verificar que los resultados sean correctos y que la herramienta esté ayudando a resolver el problema identificado, pues no implica la sustitución del componente humano, sólo la incorporación de una nueva herramienta de apoyo. La responsabilidad de revisar la información, valorar sus implicaciones y tomar decisiones debe permanecer en las personas.
- Capacitar y acompañar a los equipos. Cada cambio necesita una explicación clara sobre qué vamos a hacer, por qué y cómo lo llevaremos a la práctica. Además de aprender a utilizar herramientas o seguir nuevos procedimientos, los equipos necesitan espacios para plantear dudas y recibir retroalimentación.
- Establecer un plan gradual y darle seguimiento. Necesitamos un plan con etapas, responsables, recursos y momentos de evaluación que nos permita avanzar durante el próximo año y prepararnos para las siguientes reducciones. Debemos estar dispuestos a ajustar lo que no funcione y a incorporar lo que aprendamos en el proceso. Esa capacidad de adaptación debe considerar que las fechas legales son inamovibles. Dar seguimiento nos ayudará a detectar dificultades con tiempo y corregirlas antes de que comprometan el cumplimiento.
La primera reducción de la jornada está a la vuelta de la esquina. Un cambio de este tamaño no puede hacerse al “ahí se va”: requiere estrategia y planeación. Contar con mejor preparación no garantiza una transición sin dificultades, pero sí nos da más herramientas para saber cómo reaccionar y qué ajustar sobre la marcha. Esa capacidad de respuesta puede convertirse en una ventaja competitiva y ayudarnos a cumplir con la nueva jornada laboral, cuidando al mismo tiempo el bienestar de nuestros equipos.