¿Cómo hacer buenas entrevistas?
MBA para la abogacía
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Por Mercedes Carbonell Peláez
Una entrevista es una conversación orientada a un propósito, en la que formulamos preguntas y escuchamos las respuestas para comprender una situación, obtener información o conocer una perspectiva. En la práctica jurídica recurrimos a ella en diferentes escenarios; por ejemplo, para identificar las necesidades de un cliente, consultar a especialistas o conducir una conversación en medios de comunicación. También utilizamos algunas de estas habilidades en los interrogatorios y contrainterrogatorios, aunque estos tienen reglas y objetivos propios.
Su presencia en escenarios tan distintos la convierte en una herramienta esencial para la profesión jurídica. Sin embargo, entrevistar bien requiere más que sólo realizar una serie de preguntas al aire; implica preparación y criterio para decidir qué preguntar, cómo escuchar y qué hacer con las respuestas. Podemos llevar una lista exhaustiva de temas y preguntas y aun así terminar sin comprender lo que necesitábamos saber.
Por ello, te comparto cinco elementos imprescindibles para lograr una buena entrevista.
1. Prepararnos con un propósito
Antes de entrevistar, necesitamos conocer a la persona y el contexto de la conversación. Revisar los antecedentes de un asunto, la trayectoria de una especialista o las intervenciones previas de una figura pública nos permite formular preguntas pertinentes y aprovechar mejor el tiempo disponible. También conviene anticipar las condiciones del encuentro: cuánto durará, qué documentos necesitamos tener y si la persona requiere algún apoyo para comunicarse con comodidad.

Esta preparación debe ayudarnos a precisar un objetivo: ¿qué necesitamos comprender al terminar? En una primera consulta, quizá busquemos identificar el problema y las expectativas del cliente; en medios, explicar una reforma y sus implicaciones para la audiencia. Tener claro el propósito nos permite reconocer qué información es indispensable y decidir dónde vale la pena profundizar.
2. Diseñar preguntas para cada conversación
Las preguntas deben responder a la persona, la situación y las necesidades específicas de la entrevista. Una plantilla puede ayudarnos a cubrir aspectos importantes, siempre que podamos adaptarla. Dos clientes que consultan por un incumplimiento contractual pueden tener prioridades distintas: recuperar dinero, conservar una relación comercial o evitar que el conflicto escale.
También importa cómo preguntamos. Para explorar una situación, podemos comenzar con preguntas abiertas y después precisar detalles. “¿Qué ocurrió desde que firmaron el contrato?” permite conocer el relato; “¿Cuándo recibió el último pago?” ayuda a ubicar un hecho concreto. Formular una pregunta a la vez y evitar incluir la respuesta que esperamos facilita que la persona se explique con sus propias palabras.
3. Crear confianza y escuchar con atención
Desde el inicio, conviene explicar el propósito de la entrevista y cómo utilizaremos la información, así como cuidar la privacidad cuando corresponda. Si vamos a tomar notas o grabar, necesitamos comentarlo y acordarlo con la persona entrevistada. También debemos adaptar el lenguaje a quienes nos escuchan, evitando tecnicismos innecesarios.
Escuchar activamente implica concentrarnos en lo que la persona dice y mostrar que seguimos su relato: asentir, respetar las pausas y evitar interrupciones innecesarias son formas de hacerlo. Frases como “Si le entiendo bien…” o “Entonces, su principal preocupación es…” nos permiten comprobar que hemos comprendido y aclarar posibles malentendidos antes de continuar.

4. Adaptarnos a lo que vamos descubriendo
Una entrevista puede tomar un rumbo distinto al previsto. Quizá una respuesta abra un tema relevante, una explicación requiera más tiempo o una pregunta resulte difícil de comprender. Necesitamos reconocerlo y ajustar nuestra manera de conducir la conversación.
Esto implica saber repreguntar, reformular y modificar el orden previsto. Al entrevistar a una especialista para un medio, por ejemplo, una explicación demasiado técnica puede requerir que pidamos un ejemplo antes de avanzar. Con un cliente, puede ser necesario detenernos en una preocupación que apenas mencionó. Mantener el objetivo presente nos permite hacer estos ajustes sin perder el rumbo ni descuidar el tiempo disponible.
5. Cerrar con una comprensión compartida
Hacia el final necesitamos ordenar lo escuchado y ser capaces de expresarlo con claridad. Resumir los puntos centrales permite comprobar que entendimos y dar oportunidad de agregar algo que haya quedado pendiente. Con un cliente, también podemos confirmar prioridades y plantear una ruta inicial; en una entrevista pública, recuperar la idea más útil para la audiencia.
Entrevistar bien supone dedicar atención a cada una de estas decisiones. Cuando preparamos preguntas pertinentes, escuchamos con cuidado y sabemos adaptarnos, podemos aprovechar mejor la conversación y construir una comprensión más completa del asunto que tenemos frente a nosotras.
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