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La retroalimentación en el ejercicio profesional

La retroalimentación en el ejercicio profesional

MBA para la abogacía

Ofrece una visión integral de cómo funciona una organización. Por eso aborda temas como liderazgo, finanzas, marketing, gestión de personas, innovación, negociación, estrategia, tecnología, análisis de mercado y toma de decisiones.

Por Mercedes Carbonell Peláez

Saber dar retroalimentación clara, útil y, sobre todo, respetuosa es una habilidad imprescindible en el mundo profesional. Nos permite identificar áreas de oportunidad, reconocer aciertos y trabajar con otras personas para mejorar. Aunque resulta especialmente relevante en puestos de liderazgo y supervisión, podemos ejercerla desde cualquier posición: entre colegas, hacia quienes coordinan nuestro trabajo o con las personas a nuestro cargo. También implica aprender a recibir comentarios con apertura y disposición para revisar lo que hacemos.

En la profesión jurídica encontramos múltiples ocasiones para ponerla en práctica: al revisar un escrito, preparar una audiencia, acompañar a alguien que inicia su trayectoria o evaluar el desarrollo de un proyecto. Sin embargo, conocer bien una materia o un tema no garantiza que sepamos explicar a otra persona qué puede mejorar en su trabajo y cómo hacerlo. Las siguientes recomendaciones pueden ayudarnos.

Conviene conversar mientras los hechos son recientes y contamos con ejemplos concretos. Si necesitamos señalar un problema individual, busquemos un espacio privado y tiempo suficiente para explicar y escuchar. Antes de comenzar, vale la pena preguntarnos qué queremos comunicar y qué esperamos que cambie después de la conversación. Esa preparación nos ayuda a mantener el foco a lo largo de toda la sesión.

La retroalimentación también es un buen momento para identificar aciertos y prácticas que conviene conservar y comentarlas. Si un escrito tiene una estructura clara o una persona logró explicar un asunto complejo con precisión, señalémoslo. El reconocimiento debe ser sincero y específico: decir qué estuvo bien permite entender qué vale la pena mantener y repetir.

Las observaciones deben referirse a acciones o resultados que podamos describir. Decir “te falta compromiso” atribuye una disposición personal difícil de discutir; en cambio, señalar que “un proyecto se entregó después de la fecha acordada” permite revisar un hecho concreto. Además, expliquemos su impacto y qué esperábamos: “Recibimos el documento un día después sin previo aviso y tuvimos menos tiempo para revisarlo; necesitamos contar con él en la fecha acordada”. Esto ayuda a comprender tanto el problema como la expectativa para futuras entregas.

Después de explicar nuestra observación, demos espacio a la otra persona. Preguntas como “¿Qué dificultades encontraste en el proceso?” o “¿Cómo entendiste la instrucción?” permiten conocer su perspectiva sobre las áreas de oportunidad señaladas. En este proceso de intercambio, podemos descubrir una necesidad de capacitación, prioridades contradictorias o una carga de trabajo excesiva. También debemos estar dispuestos a reconocer si nuestras indicaciones u organización fueron insuficientes. Comprender las causas permite definir una respuesta adecuada y acordar ajustes o propuestas realistas, tomando en cuenta las condiciones en que se realizó el trabajo.

Al final, la conversación debe traducirse en un plan de acción que ambas partes comprendan y logren implementar. Decir “hay que mejorar la redacción” deja muchas preguntas abiertas. Podemos acordar, por ejemplo, elaborar un esquema antes del siguiente proyecto de escrito y revisarlo en conjunto. Conviene precisar qué hará cada persona, para cuándo y con qué apoyo. Este plan debe construirse de manera colaborativa, para que quien reciba la retroalimentación se involucre y apropie del proceso; así como quien la da pueda orientar hacia resultados concretos.

La retroalimentación debe continuar después de la conversación. Retomar los acuerdos permite comprobar si las acciones que fueron acordadas en efecto se ejecutaron y funcionaron, identificar obstáculos y hacer ajustes. Debemos reconocer los avances con la misma precisión con la que señalamos los problemas. Ese seguimiento dará continuidad al esfuerzo y permitirá valorar la mejora con base en lo acordado.

Quienes damos retroalimentación también necesitamos aprender a recibirla. Algunos comentarios pueden resultar incómodos o difíciles de escuchar, pero vale la pena darnos la oportunidad de entenderlos antes de responder. Escuchar con apertura, pedir ejemplos cuando algo no esté claro y tomarnos un momento para reflexionar nos ayuda a identificar qué podemos aprovechar para mejorar. Todas las personas tenemos algo que aprender, sin importar nuestra experiencia o el puesto que ocupemos.


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