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El derecho también debe diseñarse: diseño de información jurídica y comunicación visual

El derecho también debe diseñarse:

diseño de información jurídica y comunicación visual

Maestría en Argumentación Jurídica

Aprenderás a dominar, paso a paso, el arte de construir planteamientos sólidos y persuasivos. Trabajarás con técnicas aplicadas en contextos reales, integrando el rigor normativo con estrategias efectivas para litigar, negociar y redactar escritos procesales que generen impacto.

Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

Durante mucho tiempo, la calidad de un documento jurídico se ha evaluado principalmente a partir de dos variables: la corrección técnica de su contenido y la calidad de su redacción.

Ambas siguen siendo indispensables.

Pero ya no son suficientes.

Un escrito puede ser jurídicamente impecable y estar redactado con precisión, pero resultar difícil de utilizar porque la cuestión central aparece demasiado tarde, las pruebas no están relacionadas claramente con los hechos, las fechas se encuentran dispersas, los anexos son difíciles de localizar o la estructura obliga al lector a reconstruir por sí mismo el razonamiento.

La abogacía contemporánea necesita incorporar una competencia adicional: el diseño de información jurídica.

No se trata de decorar escritos, llenar presentaciones de gráficos ni convertir los expedientes en infografías.

Se trata de organizar información jurídica compleja para que el destinatario pueda encontrarla, comprenderla, verificarla y utilizarla con el menor esfuerzo innecesario posible.

En una práctica profesional saturada de normas, expedientes, documentos digitales, correos, datos, jurisprudencia y reportes, esta capacidad se está convirtiendo en una forma concreta de rigor jurídico.

Todo documento jurídico cumple una función.

Una demanda busca que una autoridad comprenda una pretensión y pueda resolverla.

Un dictamen debe permitir que el cliente tome una decisión.

Un contrato debe indicar qué puede, debe y no puede hacer cada parte.

Una política de compliance debe orientar conductas concretas.

Una sentencia debe explicar qué se decidió, por qué y cuáles son sus consecuencias.

Por ello, la pregunta no debería ser únicamente:

“¿Este documento contiene toda la información necesaria?”

También debería preguntarse:

“¿Puede el destinatario encontrar rápidamente la información que necesita para tomar la decisión que le corresponde?”

Esta diferencia modifica la forma de trabajar.

El abogado deja de pensar exclusivamente como autor y comienza a pensar también como usuario del documento.

Existe una objeción frecuente: los asuntos jurídicos son complejos y no pueden reducirse a tablas, esquemas o textos breves sin perder precisión.

La premisa es correcta. La conclusión, no.

Diseñar información no significa eliminar la complejidad.

Significa organizarla.

Una cuestión jurídicamente difícil puede conservar todos sus matices y, al mismo tiempo, presentarse mediante:

  • encabezados informativos;
  • resúmenes ejecutivos;
  • matrices;
  • cronologías;
  • cuadros comparativos;
  • diagramas;
  • esquemas argumentativos;
  • anexos de fuentes.

El objetivo no es sustituir el análisis completo.

Es permitir que distintos lectores puedan acceder a él con diferentes niveles de profundidad.

Cuatro capacidades que conviene distinguir

La buena comunicación jurídica combina varias competencias relacionadas.

Lenguaje claro

Busca que las palabras y las oraciones puedan comprenderse.

Argumentación jurídica

Busca justificar racionalmente una conclusión.

Diseño de información

Organiza la estructura para que esa justificación pueda localizarse y seguirse.

Accesibilidad

Procura que personas con distintas necesidades puedan utilizar el contenido.

Un documento puede estar redactado con palabras sencillas y seguir siendo confuso porque carece de estructura.

También puede tener una apariencia visual atractiva y contener un razonamiento jurídicamente deficiente.

El diseño nunca sustituye el análisis.

Debe hacerlo visible.

Una técnica especialmente útil consiste en comenzar todo documento importante preguntándose:

¿Qué necesita decidir la persona que va a leerlo?

Después:

  • ¿Qué debe comprender para tomar esa decisión?
  • ¿Qué información resulta indispensable?
  • ¿Qué riesgos debe conocer?
  • ¿Qué fuentes necesitará consultar?
  • ¿Cuánto tiempo probablemente dedicará a la lectura?

No se redacta de la misma manera para:

  • un tribunal;
  • un consejo de administración;
  • un cliente particular;
  • un departamento operativo;
  • otro abogado;
  • un estudiante.

El mismo asunto puede requerir varias capas de comunicación.

Por ejemplo, un dictamen empresarial extenso podría incluir:

  1. Una página ejecutiva para la dirección.
  2. Un cuadro de riesgos para el área operativa.
  3. El análisis jurídico completo para la dirección legal.
  4. Un anexo de legislación y jurisprudencia para verificación.

Toda la información pertenece al mismo trabajo.

Pero cada destinatario necesita acceder a ella de forma diferente.

Una buena arquitectura documental puede organizarse en cuatro niveles.

1. La conclusión

¿Qué debe saber inmediatamente el lector?

2. Las razones principales

¿Por qué llegamos a esa conclusión?

3. El análisis completo

¿Qué hechos, normas, precedentes y pruebas sustentan el razonamiento?

4. La verificación

¿Dónde están las fuentes, anexos y documentos originales?

Esta estructura permite que una persona que dispone de cinco minutos pueda comprender la decisión principal, mientras que otra que necesita auditar el razonamiento pueda llegar hasta las fuentes.

La información no se elimina.

Se jerarquiza.

Un encabezado como:

“Consideraciones jurídicas”

dice muy poco.

Un encabezado como:

“La acción fue presentada oportunamente porque el plazo comenzó con la notificación personal”

anticipa exactamente qué pretende demostrar la sección.

Los encabezados informativos tienen varias ventajas:

  • permiten comprender la lógica del documento;
  • facilitan localizar una cuestión;
  • hacen visible la estructura argumentativa;
  • ayudan a detectar repeticiones;
  • permiten advertir si falta alguna respuesta.

Una técnica útil consiste en leer únicamente los títulos y subtítulos del documento.

Si, al hacerlo, puede entenderse la estructura central del razonamiento, probablemente existe una buena arquitectura.

Si los títulos dicen solamente “antecedentes”, “análisis”, “consideraciones” y “conclusiones”, todavía se está desaprovechando buena parte de su potencial.

Otro principio básico consiste en limitar cada apartado a una función concreta.

Cuando un párrafo o sección intenta simultáneamente:

  • describir hechos;
  • interpretar una norma;
  • valorar una prueba;
  • responder a la contraparte;
  • formular una conclusión;

el lector debe reconstruir mentalmente demasiadas operaciones.

Resulta más eficaz separar.

Por ejemplo:

  1. Qué exige la norma.
  2. Qué ocurrió en el caso.
  3. Qué prueba lo acredita.
  4. Qué objeción existe.
  5. Por qué la objeción no cambia el resultado.

Esta estructura hace visible el razonamiento.

Y lo que puede verse también puede revisarse mejor.

Las tablas son particularmente eficaces cuando existe información repetida que debe compararse.

Por ejemplo:

Elemento jurídicoHecho relevantePruebaDebilidad
Existencia del contratoFirma del 4 de marzoContrato y correosSe discuten facultades
CumplimientoEntrega del 20 de abrilAcuse y registro logísticoFirma poco legible
IncumplimientoFalta de pagoEstado de cuentaSe alega compensación
DañoSaldo e interesesFacturas y cálculoTasa discutida

Esta tabla permite identificar inmediatamente dónde se encuentra el punto vulnerable.

Otros usos especialmente valiosos son:

  • cláusula contractual / riesgo / propuesta de modificación;
  • hecho / prueba favorable / prueba contraria;
  • plazo / acontecimiento inicial / responsable;
  • opción / costo / beneficio / riesgo;
  • testigo / conocimiento directo / contradicción;
  • precedente / regla / vigencia / diferencia con el caso.

Una tabla deja de funcionar cuando cada celda contiene medio dictamen.

En esos casos debe utilizarse como síntesis y remitir al desarrollo completo.

Los abogados utilizan cronologías desde hace mucho tiempo, pero no siempre aprovechan todo su potencial.

Una buena cronología no debería limitarse a:

Fecha — acontecimiento.

Puede incluir también:

  • participantes;
  • fuente;
  • grado de certeza;
  • relevancia jurídica;
  • contradicciones;
  • información pendiente.

Esto resulta especialmente útil en asuntos donde la secuencia temporal determina:

  • prescripción;
  • causalidad;
  • conocimiento;
  • mora;
  • oportunidad de una notificación;
  • cambio contractual;
  • respuesta institucional.

También es importante representar la incertidumbre.

Si una fecha sólo puede ubicarse “entre el 5 y el 10 de mayo”, el gráfico no debería convertirla artificialmente en “7 de mayo”.

Un diseño visual honesto muestra aquello que sabemos y también aquello que todavía no sabemos.

Una de las herramientas más útiles para litigación consiste en conectar visualmente cuatro elementos:

proposición jurídica → hecho → prueba → inferencia

Por ejemplo:

Debemos acreditar que la contraparte conocía el defecto.

Hecho: recibió un informe técnico antes de la venta.

Prueba: correo electrónico con el informe adjunto.

Inferencia: la recepción permite sostener conocimiento previo.

Posible objeción: la persona afirma no haber abierto el archivo.

Corroboración: respuesta posterior que menciona el contenido del informe.

Al organizar la información de esta manera se descubren rápidamente problemas que pueden permanecer ocultos dentro de largos escritos.

Quizá exista una norma perfectamente citada y mucha evidencia, pero falte el puente inferencial que conecta ambas cosas.

El diseño no corrige automáticamente esa debilidad.

La hace visible.

No todo problema necesita una gráfica.

Conviene elegir el formato según la pregunta.

Cronología

Cuando importa el orden temporal.

Diagrama de flujo

Cuando importa explicar etapas y decisiones.

Organigrama

Cuando deben mostrarse jerarquías, funciones o relaciones corporativas.

Árbol de decisión

Cuando existen diferentes alternativas y consecuencias.

Gráfica

Cuando deben compararse magnitudes, tendencias o distribuciones.

Matriz

Cuando se necesita relacionar categorías.

Esquema argumentativo

Cuando queremos mostrar conclusión, premisas, objeciones y respuestas.

La pregunta fundamental es:

¿Qué puede comprender mejor el lector con este recurso que mediante un párrafo?

Si no existe una buena respuesta, probablemente no hace falta utilizarlo.

Los recursos visuales producen una fuerte impresión de objetividad.

Por eso deben utilizarse con especial cuidado.

Una gráfica puede exagerar una diferencia si:

  • corta artificialmente el eje;
  • utiliza periodos seleccionados;
  • omite el denominador;
  • compara categorías no equivalentes;
  • representa porcentajes mediante tamaños desproporcionados.

Una cronología puede manipular si:

  • omite un periodo inconveniente;
  • presenta una hipótesis como hecho;
  • elimina fechas contradictorias.

Un mapa puede inducir una conclusión falsa si:

  • altera escalas;
  • omite distancias relevantes;
  • coloca elementos sin aclarar su precisión.

La ética de la comunicación jurídica también se aplica al diseño.

Una representación persuasiva sigue teniendo que ser verdadera.

Una práctica especialmente útil consiste en no presentar todos los elementos con el mismo grado de certeza.

Puede distinguirse entre:

  • hechos comprobados;
  • afirmaciones de una parte;
  • inferencias;
  • cuestiones controvertidas;
  • información pendiente.

La distinción puede hacerse mediante:

  • columnas;
  • etiquetas;
  • símbolos;
  • leyendas;
  • formatos diferenciados.

No es necesario recurrir exclusivamente al color, ya que esto puede crear problemas de accesibilidad.

El lector debería poder distinguir claramente:

“Esto ocurrió”.

de:

“Creemos que esto significa…”

Esa diferencia es central para el razonamiento probatorio.

El diseño también mejora los contratos

El diseño jurídico no se limita a litigación.

Los contratos pueden volverse mucho más utilizables mediante estructuras como:

  • tablas de obligaciones;
  • calendarios;
  • matrices de responsables;
  • anexos operativos;
  • diagramas de aprobación;
  • cuadros de niveles de servicio.

Por ejemplo, en vez de esconder un procedimiento de notificación entre varias cláusulas extensas, puede incluirse una tabla:

ComunicaciónResponsableMedioPlazo
Incidente críticoProveedorCorreo + plataforma2 horas
Cambio de alcanceAmbas partesFormato autorizadoAntes de ejecutar
TerminaciónRepresentante autorizadoCorreo certificado30 días

La tabla no sustituye la cláusula jurídica completa.

Facilita su cumplimiento cotidiano.

Un contrato que sólo pueden entender los abogados que lo redactaron está mal diseñado como herramienta operativa.

La dirección de una organización rara vez necesita comenzar por veinte páginas de antecedentes y doctrina.

Normalmente necesita saber:

  • cuál es el problema;
  • qué riesgo existe;
  • qué opciones tiene;
  • qué recomienda jurídico;
  • cuánto cuesta;
  • cuándo debe decidirse.

Un resumen ejecutivo puede estructurarse así:

Decisión requerida: aprobar o rechazar determinada operación.

Recomendación: aprobar con tres condiciones.

Riesgo principal: posible incumplimiento regulatorio.

Probabilidad: moderada.

Impacto: alto.

Medidas de mitigación: modificación contractual, aprobación adicional y auditoría.

Fecha límite: viernes.

Después puede aparecer el análisis detallado.

Esto no reduce la calidad jurídica.

La hace utilizable para quien debe decidir.

Un documento puede ser visualmente atractivo y, sin embargo, excluir a algunos usuarios.

Conviene revisar:

  • tamaño de letra;
  • contraste;
  • estructura de encabezados;
  • orden lógico;
  • calidad del PDF;
  • posibilidad de seleccionar texto;
  • compatibilidad con lectores de pantalla;
  • descripción de imágenes;
  • uso de subtítulos;
  • dependencia exclusiva del color.

También debe evitarse producir documentos saturados visualmente.

La finalidad no es llenar cada página de elementos gráficos.

El espacio en blanco, la jerarquía y la consistencia son herramientas de comunicación.

La mayoría de los documentos jurídicos ya no se leen exclusivamente en papel.

Se consultan en:

  • computadoras;
  • tabletas;
  • teléfonos;
  • sistemas de expedientes;
  • plataformas colaborativas.

Esto exige nuevas prácticas.

Un documento digital debería:

  • permitir búsquedas;
  • contener enlaces internos;
  • utilizar marcadores;
  • mantener numeración consistente;
  • permitir ir desde una cita hasta su anexo;
  • identificar claramente la versión;
  • conservar una estructura adecuada al imprimirse.

También deben revisarse:

  • comentarios ocultos;
  • control de cambios;
  • metadatos;
  • información confidencial;
  • redacciones defectuosas.

Una franja negra colocada sobre una frase no garantiza que el texto subyacente haya sido eliminado.

El diseño también implica seguridad documental.

La inteligencia artificial permite convertir rápidamente grandes cantidades de información en:

  • cronologías;
  • tablas;
  • mapas conceptuales;
  • resúmenes ejecutivos;
  • diagramas;
  • presentaciones.

Esto puede generar una enorme ganancia de productividad.

Pero también puede producir una ilusión peligrosa de exactitud.

Una herramienta puede:

  • inventar una fecha;
  • fusionar dos personas;
  • omitir un documento perjudicial;
  • transformar una afirmación en hecho;
  • introducir una relación causal inexistente;
  • resumir en exceso una excepción.

Cuanto más limpia y convincente sea la representación gráfica, mayor puede ser el peligro de aceptar sin revisión una estructura equivocada.

Toda visualización generada mediante IA debería comprobarse contra las fuentes.

En particular:

  • fechas;
  • nombres;
  • cantidades;
  • relaciones entre personas;
  • grado de certeza;
  • procedencia de los datos;
  • hechos adversos.

La IA puede diseñar la forma.

No debe decidir unilateralmente qué es verdad.

Imaginemos una controversia contractual con:

  • trescientas páginas de documentos;
  • cincuenta correos relevantes;
  • cinco modificaciones;
  • varios pagos parciales;
  • una posible prórroga verbal.

En lugar de entregar a quien debe decidir únicamente una carpeta de documentos, puede prepararse:

Una página ejecutiva

Con problema, recomendación y principales riesgos.

Una cronología

Con los diez acontecimientos decisivos y enlaces a sus fuentes.

Una matriz contractual

Con obligación, conducta realizada, prueba y controversia.

Una tabla económica

Con cantidades reclamadas, pagadas y discutidas.

Un mapa argumentativo

Con los tres argumentos principales de cada parte.

El expediente completo

Para verificar toda la información.

Esta estructura permite consultar el asunto en distintos niveles.

La síntesis facilita.

La fuente controla.

El análisis justifica.

Entre las fallas más comunes se encuentran:

  • Utilizar gráficos únicamente porque resultan atractivos.
  • Crear tablas gigantescas que nadie puede leer.
  • Convertir toda la información en diagramas.
  • Presentar inferencias como hechos.
  • Exagerar diferencias mediante escalas.
  • Ocultar información adversa.
  • Utilizar colores sin significado constante.
  • Cambiar continuamente de términos para designar a las mismas personas.
  • Crear resúmenes que no permiten regresar a las fuentes.
  • Diseñar documentos únicamente para impresión.
  • Confiar en representaciones automáticas sin verificarlas.
  • Sacrificar precisión para reducir páginas.

La simplicidad no debe obtenerse eliminando información que cambia la conclusión.

Puede utilizarse un proceso de seis pasos.

1. Definir al destinatario

¿Quién utilizará el documento?

2. Identificar la decisión

¿Qué necesita poder hacer después de leerlo?

3. Jerarquizar

¿Qué información es esencial y cuál puede ir a un segundo nivel?

4. Elegir el formato

¿Prosa, tabla, cronología, matriz o diagrama?

5. Verificar

¿Cada elemento está respaldado?

6. Probar

¿Una persona distinta puede encontrar y comprender rápidamente lo importante?

La última etapa es especialmente útil.

Los autores conocen demasiado bien sus propios documentos. Pueden completar mentalmente información que otros lectores no verán.

Una prueba con usuario revela problemas que la corrección jurídica tradicional no detecta.

Existe una razón adicional para incorporar esta competencia a la abogacía.

Diseñar información obliga a pensar mejor.

Cuando intentamos colocar un asunto en una matriz descubrimos:

  • qué hecho carece de prueba;
  • qué conclusión no tiene norma;
  • qué fecha está discutida;
  • qué riesgo no tiene respuesta;
  • qué obligación no tiene responsable.

El diseño funciona entonces como una prueba de calidad.

Si no podemos representar claramente la estructura del argumento, quizá todavía no la comprendemos suficientemente.

Por eso, el diseño de información jurídica no debería considerarse una actividad meramente estética.

Es una herramienta de razonamiento.

La práctica jurídica produce cada vez más información.

Pero producir información no equivale a producir conocimiento.

Y producir conocimiento no equivale a facilitar una decisión.

El desafío consiste en transformar la complejidad jurídica en una estructura que pueda ser:

  • comprendida;
  • navegada;
  • comprobada;
  • aplicada.

Un buen documento jurídico debe ser correcto.

Un documento jurídico excelente debe ser, además, utilizable.

Por eso el derecho también debe diseñarse.

No para hacerlo más atractivo, sino para hacerlo más claro, verificable y funcional.

La meta final podría resumirse de esta manera:

que el lector pueda encontrar rápidamente qué debe decidir, comprender por qué y verificar de dónde procede cada afirmación relevante.

Cuando eso ocurre, el diseño deja de ser presentación.

Se convierte en una verdadera herramienta jurídica.


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