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Discurso de Graduación 2025 del Centro Carbonell: Un llamado a la reflexión y a la responsabilidad

Discurso de Graduación 2025 del Centro Carbonell:

Un llamado a la reflexión y a la responsabilidad

Doctorado y Maestrías

Logra valor agregado en tu ejercicio profesional a través de Maestrías y Diplomados en línea. Especialízate en áreas del derecho que te van a abrir muchas oportunidades profesionales.

Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

Queridas egresadas y queridos egresados de los programas académicos del Centro de Estudios Jurídicos Carbonell AC.

Distinguidas familias.

Estimados colaboradores, personal docente, equipo directivo.

Querida Mónica Del Portillo, fundadora del Centro:

Sean todos bienvenidos a esta ceremonia de graduación, un momento solemne que marca el cierre de una etapa fundamental en sus vidas y el inicio de un compromiso profundo con la sociedad. Nos encontramos aquí reunidos no solo para celebrar el logro académico de cada uno de ustedes, sino también para reconocer el esfuerzo colectivo que ha hecho posible este día. Estar acompañados por colegas, compañeros de clase, docentes y, sobre todo, por sus familias, otorga a esta ocasión un valor emocional incalculable. Este es un instante para mirar atrás con orgullo, para mirar adelante con determinación y para agradecer profundamente a quienes caminaron junto a ustedes en el desafiante y noble trayecto que han recorrido con gran esfuerzo en los últimos años.

Cada generación, sin excepción, se enfrenta tarde o temprano a una encrucijada. Es ese instante en que las decisiones no pueden postergarse y en que el rumbo que elijamos define no solo nuestro destino individual, sino el de toda la comunidad a la que pertenecemos. Hoy, ustedes, recién graduados de una de las profesiones más nobles y exigentes, se encuentran precisamente en ese cruce de caminos. La vida, la historia y la realidad nacional los convocan. No es una tarea sencilla. Pero sí es una tarea urgente.

Deben recordar Ustedes que la profesión jurídica no es una trinchera neutral. No existe algo así como «yo solo interpreto la ley» que pueda servir de excusa para la indiferencia, la omisión o peor todavía la complicidad. La ley es una herramienta, sin duda alguna; pero también es una promesa, una aspiración, un proyecto de país. La ley puede servir para consolidar el poder o para equilibrarlo y mantenerlo controlado, para perpetuar la injusticia o para corregirla. Todo depende de la capacidad profesional que tengan quienes la apliquen, de cómo se defiendan sus principios y de cuál sea el compromiso ético de quienes ejercen la abogacía.

El Derecho no es solo un conjunto de normas escritas en un libro. No se limita a los códigos, a los expedientes, a lo que dicen día tras día los tribunales. Es también y sobre todo el lenguaje de la civilidad, la arquitectura invisible que sostiene y le da forma a nuestras libertades, que moldea nuestra convivencia pacífica. En su esencia, el Derecho es en realidad un contrato colectivo. Y como todo contrato, se rompe cuando una de las partes lo traiciona. Ustedes, como abogadas y abogados, están llamados a ser los guardianes de ese pacto. No como autómatas que repiten preceptos, sino como ciudadanos críticos y comprometidos.

Es probable que muchos de ustedes ya hayan escuchado que ser abogado es saber argumentar, interpretar, persuadir. Pero eso es apenas una parte. La más visible, tal vez la más lucidora. Pero el corazón de esta profesión está en la vocación de servicio que representamos todos nosotros. El abogado que no busca transformar su entorno, que no se conmueve ante la desigualdad, que no se inquieta ante la injusticia, puede ser muchas cosas, pero no es un jurista completo.

No basta con dominar la técnica. No basta con tener buena memoria o una mente que piensa siempre de manera lógica. Se necesita carácter. Se necesita voluntad. Y, sobre todo, se necesita ética. Esa palabra que tantas veces se repite y tan pocas veces se asume con profundidad.

La ética, en la profesión jurídica, no es un complemento. Es el centro. Es el punto de partida y también el punto de llegada. Cuando se enfrenta una decisión compleja, cuando la presión externa invita a transigir, cuando el interés personal amenaza con imponerse sobre el bien común, la ética debe ser el ancla que nos ofrezca las mejores respuestas posibles.

Piensen en los momentos críticos de la historia de México. Desde la Independencia, pasando por la Reforma, la Revolución, hasta los movimientos sociales contemporáneos. En cada etapa, hubo abogados que decidieron ponerse del lado correcto de la historia. No porque fuera fácil, no porque fuera rentable, sino porque entendieron que su papel no era contemplar la realidad, sino poner toda su energía en transformarla en favor de los derechos y la dignidad de todas las personas. Piensen en personajes como Benito Juárez, como Ignacio L. Vallarta, como Isidro Fabela. Todos ellos entendieron que el Derecho es un instrumento de emancipación, no de sumisión.

Hoy, la encrucijada no es menor. Vivimos en un país donde la desigualdad se reproduce en las instituciones, donde la impunidad es una constante, donde la corrupción no solo es una práctica sino a veces hasta una cultura. Y sin embargo, también vivimos en un país lleno de esperanza, de creatividad, de resistencia.

Nuestro marco jurídico, con todas sus deficiencias, es uno de los más avanzados en derechos humanos en la región. Pero esa letra no se transforma en realidad por sí sola. Necesita manos que la apliquen, voces que la defiendan, corazones que crean en ella. Esa es su tarea.

Necesitamos abogados que sepan mirar de frente a las injusticias y estén preparados para hacerles frente. Que se atrevan a escuchar las historias de quienes viven al margen. Que comprendan que el Derecho empieza en los libros y los códigos, pero luego debe continuar en la calle, en la comunidad, en los sueños de cada persona.

Porque cada caso que les llegue no es un expediente. Es una historia humana. Es alguien que confía en ustedes. Que les entrega, a veces, la última esperanza que tiene. No la desperdicien. No la traicionen.

Ustedes tienen la posibilidad de marcar una diferencia real. Desde el litigio, desde la academia, desde la función pública, desde la organización civil, desde donde decidan ejercer su profesión. Lo importante no es el cargo, sino el compromiso.

México necesita abogados que se indignen, pero que también propongan. Que denuncien, pero que también construyan. Que no se conformen con las reglas del juego, sino que aspiren a cambiarlas cuando éstas perpetúan la injusticia.

Recuerden siempre que la Constitución no es un monumento estático. Es una declaración de intenciones, una guía de acción. Nuestra Carta Magna de 1917, que fue vanguardia en su tiempo, sigue siendo una utopía concreta. Esa utopía que afirma que todos somos iguales ante la ley y no puede haber discriminación, que el trabajo debe ser digno y bien remunerado, que el Estado tiene una función social.

Esas promesas, sin ustedes, son solo papel. Con ustedes, pueden ser realidad.

A lo largo de su formación en el Centro Carbonell, han adquirido herramientas técnicas. Pero también han desarrollado sensibilidad, pensamiento crítico, capacidad de análisis. No subestimen ese capital. No lo desperdicien. No lo pongan al servicio de causas que contradicen los principios que hoy celebramos.

Levántense cada día con la convicción de que cada libro estudiado, cada clase atendida, cada argumento aprendido, es una piedra más en la construcción de un país más justo.

Sean abogados con ideales, pero también con rigor. Con pasión, pero también con método. Con sueños, pero también con estrategias.

Sean defensores del interés público. Sean la voz de quienes no la tienen. Sean una fuerza de cambio.

Y por encima de todo, sean éticos. Porque cuando el Derecho camina de la mano de la ética, no hay injusticia que no pueda enfrentarse ni sociedad que no pueda transformarse.

Estimadas egresadas y estimados egresados:

Este no es el final de un camino. Es apenas el comienzo. Un comienzo que está lleno de desafíos, pero también de posibilidades.

Gracias por haber elegido este camino. El país los necesita. Con urgencia. Con esperanza. Con confianza.

No nos demoremos en ponernos en marcha. Muchas felicidades para Ustedes y para sus familias por este gran logro que hoy estamos festejando y que sea uno más de los muchos que, con su esfuerzo y decisión, van a lograr a lo largo de su vida.


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Imagen promocional del Diplomado en Argumentación Jurídica del Centro de Estudios Jurídicos Carbonell, mostrando una estatua de la justicia con balanza y espada, con texto informativo sobre el diplomado.

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