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Derecho Contractual

¿Cómo negociar un contrato?

¿Cómo negociar un contrato?

Especialidad en Redacción de Contratos

Aprenderás a redactar cláusulas conforme a los fines de las partes, prever escenarios contractuales y resolver jurídicamente situaciones específicas. Con RVOE oficial.

Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

Comprenda sus objetivos:

Antes de iniciar las negociaciones, es fundamental definir claramente sus propios objetivos. Sepa qué pretende lograr a través del contrato, ya sea precio, plazos, calidad u otros términos. Cree una lista de “elementos imprescindibles”, como entregables clave, términos sobre precios y cronogramas de pago. Además, defina áreas en las que está dispuesto a ser flexible para llegar a un acuerdo. Esto puede incluir prioridades secundarias o términos negociables, como plazos o cláusulas menos importantes.

Conozca a la otra parte:

Investigue a fondo a la otra parte antes de comenzar la negociación. Comprenda su modelo de negocio, su posición en la industria y las posibles presiones que enfrenta. Trate de descubrir qué es lo que probablemente valorarán en el contrato.

Esta información puede guiar su estrategia, lo que le permitirá proponer soluciones que no solo satisfagan sus necesidades, sino que también satisfagan sus intereses. Por ejemplo, si son sensibles a los precios pero flexibles en la entrega, puede utilizar eso como palanca para lograr cerrar un acuerdo.

Conocimientos legales y técnicos:

Comprender el marco legal que rige su contrato es esencial para evitar que lo tomen por sorpresa cláusulas que quizás no comprenda por completo. Conozca los conceptos básicos de las normas jurídicas aplicables al contrato en cuestión, incluidas las garantías requeridas, las responsabilidades que adquiere cada una de las personas intervinientes y las cláusulas de rescisión. Si hay términos técnicos involucrados, como el lenguaje específico de la industria, asegúrese de estar familiarizado con ellos. Esta preparación no solo aumentará su confianza, sino que también lo ayudará a evitar aceptar términos desfavorables.

Establezca una buena relación:

La primera impresión establece el tono para toda la negociación. Comience por establecer una buena relación con la otra parte, ya que la confianza puede llevar a una discusión más productiva y abierta. Utilice una comunicación amistosa pero profesional, mostrando interés en su perspectiva. Establecer una atmósfera de colaboración desde el principio puede ayudar a que ambas partes se sientan cómodas trabajando juntas hacia un objetivo compartido.

Aclare los objetivos:

Una vez que comience la conversación, es esencial establecer sus objetivos principales, pero no abrume a la otra parte con demandas. En cambio, priorice los puntos clave e invítela a hacer lo mismo. Esto creará un diálogo constructivo en el que las necesidades de ambas partes se pondrán sobre la mesa desde el principio. Por ejemplo, si su prioridad es el precio y la de ellos el plazo, puede comenzar a explorar cómo conciliar estos objetivos desde el principio.

Comience con una propuesta:

Comience las negociaciones presentando una propuesta que refleje sus términos más favorables, pero que permita un espacio para la discusión. Esta primera oferta sirve como ancla en la negociación, a partir de la cual ambas partes pueden ajustar los términos. La propuesta inicial debe pensarse cuidadosamente, equilibrando sus intereses clave y mostrando flexibilidad, de modo que indique su voluntad de encontrar un punto medio.

Escucha activa:

Escuchar suele ser más importante que hablar durante las negociaciones. Al escuchar con atención, puede captar señales que revelen las prioridades, las preocupaciones y las áreas potenciales de compromiso de la otra parte. Escuchar activamente implica reconocer sus puntos con afirmaciones verbales y resumir sus preocupaciones para garantizar un entendimiento mutuo. Esto hará que la otra parte se sienta escuchada y respetada, lo que aumentará la probabilidad de encontrar un punto común.

Haga preguntas:

Las buenas preguntas pueden revelar información que no es evidente en la propuesta de la otra parte. Al hacer preguntas de sondeo, puede aclarar ambigüedades, revelar motivaciones subyacentes y evaluar si los términos que proponen son negociables. Por ejemplo, si son rígidos con los precios, pregúnteles por qué los consideran no negociables; tal vez tengan costos ocultos que se puedan discutir.

Compromisos y compensaciones:

En toda buena negociación se trata de dar y recibir. Una vez que haya establecido las prioridades de cada parte, identifique las áreas en las que puede llegar a un acuerdo. Por ejemplo, puede acordar plazos de entrega más cortos si eso significa asegurar un mejor precio. Comprender sus compensaciones de antemano lo ayuda a evitar ceder demasiado y, al mismo tiempo, garantizar que aún cumple con sus objetivos principales. Ofrecer valor en un área a menudo abre la flexibilidad en otras.

Mantenga la objetividad:

Las negociaciones pueden volverse emocionales, especialmente cuando hay mucho en juego, pero es fundamental mantener la objetividad. Concéntrese en el contenido de la negociación, no en las personalidades. Cíñete a los hechos, los datos y el razonamiento lógico para respaldar tu caso. Evita tomarte las cosas de forma personal si la otra parte rechaza una de tus condiciones; en cambio, replantea con calma la conversación hacia soluciones.

Precios y condiciones de pago:

Los precios suelen ser un punto central de la negociación. Asegúrese de que la estructura de precios sea clara, incluidos los descuentos, las penalizaciones o las bonificaciones. Las condiciones de pago también deben definirse en detalle: si los pagos se realizarán por adelantado, en cuotas o al finalizar. Clarificar la moneda en la que se harán los pagos, el método de pago y las penalizaciones por pagos atrasados ​​para evitar malentendidos más adelante.

Obligaciones de entrega y desempeño:

Describa claramente los plazos, los aspectos principales y la calidad del trabajo esperado. Defina qué sucede si no se cumplen los plazos: ¿habrá penalizaciones, extensiones o reembolsos? Asegúrese de que existan términos específicos sobre lo que constituye un desempeño aceptable, de modo que ambas partes tengan en claro el resultado esperado. Incluya disposiciones para demoras o complicaciones inesperadas y aclare cómo se manejarán.

Responsabilidades y asignación de riesgos:

La asignación de riesgos es una parte clave de cualquier contrato. Asegúrese de que ambas partes comprendan quién asumirá ciertos riesgos, como defectos del producto, demoras o factores externos como cambios en las regulaciones. Incluya límites a la responsabilidad, de modo que no esté expuesto a riesgos financieros o legales excesivos. Además, analice las cláusulas de indemnización, que protegen a una parte de la pérdida financiera causada por la otra.

Resolución de disputas:

Los contratos deben incluir un plan para manejar las disputas. En lugar de acudir directamente a los tribunales, considere incluir cláusulas de mediación o arbitraje. Esto puede ahorrar tiempo y dinero si surgen conflictos. Defina la jurisdicción donde se resolverán las disputas y aclare los procedimientos que seguirán ambas partes. Tener esto en cuenta desde el principio puede facilitar la resolución de conflictos.

Cláusulas de rescisión:

Especifique claramente las circunstancias en las que cualquiera de las partes puede rescindir el contrato. Defina qué sucede si una de las partes no cumple con sus obligaciones y cómo se concluirá la relación en caso de rescisión anticipada. Esto debe incluir qué sucede con el dinero pagado, el manejo de los resultados y los derechos o recursos legales disponibles para las partes.

Resuma el acuerdo:

Antes de concluir la negociación, resuma todos los términos acordados. Esto ayuda a garantizar que ambas partes comprendan el contrato de la misma manera y reduce la posibilidad de futuras disputas por puntos vagos o malinterpretados. Tómese el tiempo para revisar los términos finales con atención, asegurándose de que nada se haya omitido o malinterpretado.

Finalizar los términos:

Una vez que ambas partes hayan llegado a un acuerdo, documente cualquier cambio o actualización del contrato. Esto puede hacerse en forma de un borrador modificado o un simple memorando que describa las revisiones. Asegurarse de que todo esté escrito con claridad evitará confusiones y proporcionará un punto de referencia para ambas partes, aumentando la confianza entre ellas.

Revisión por parte de un asesor legal:

Incluso si la negociación parece sencilla, siempre es una buena idea que un abogado ajeno al desarrollo de la negociación revise el contrato final antes de firmarlo. Un abogado de nuestra firma legal puede ayudarnos a detectar posibles problemas, garantizar el cumplimiento de las leyes aplicables y proteger los intereses de nuestro cliente. Esto es especialmente importante para contratos complejos con obligaciones financieras o legales significativas.

Seguimiento:

Una vez firmado el contrato, mantenga abiertas las líneas de comunicación para asegurarse de que ambas partes cumplan con sus obligaciones. El seguimiento temprano lo ayuda a detectar posibles problemas antes de que se agraven y mantiene a ambas partes responsables. Establezca controles o actualizaciones regulares si el contrato implica entregas a largo plazo, de modo que todos se mantengan alineados con las expectativas y el progreso.

Una negociación contractual eficaz se basa en la colaboración, la comprensión y una preparación minuciosa. Si sigue estos pasos, podrá transitar el proceso con confianza y elaborar contratos que beneficien a ambas partes.

Aspectos clave para brindar una excelente asesoría jurídica en materia de contratos:

   Aspecto clave: Los términos y condiciones deben ser redactados de manera clara, sin ambigüedades, para que todas las partes entiendan completamente sus obligaciones y derechos. Las palabras ambiguas pueden llevar a interpretaciones erróneas y generar disputas.

   Estrategia: Utilizar un lenguaje accesible para las partes no jurídicas y explica cada término clave antes de que se firme el contrato. Por ejemplo, las definiciones de plazos, montos y condiciones de pago deben ser específicos. Si es posible, proporciona ejemplos o escenarios que ilustren cómo se aplicarán ciertos términos.

   Aspecto clave: Un contrato solo es válido si las partes tienen capacidad legal para contratar, lo que implica ser mayor de edad, estar en plena capacidad jurídica, y no estar bajo coacción o engaño.

   Estrategia: Verificar la capacidad legal de las partes antes de la firma. En el caso de contratos con empresas, verifica si la persona que firma tiene los poderes necesarios para obligar a la empresa (a través de estatutos, actas de asamblea o poderes notariales). En situaciones internacionales, verifica la legislación aplicable a la capacidad de las partes.

   Aspecto clave: El objeto del contrato debe ser lícito, posible y determinado. Un contrato con un objeto ilegal (como actividades ilícitas) o imposible de cumplir será nulo.

   Estrategia: Asegúrese de que el objeto del contrato cumpla con las leyes aplicables, tanto del lugar donde se celebra como donde se va a ejecutar. También, analiza la viabilidad práctica de cumplir las obligaciones pactadas, para evitar promesas imposibles de cumplir.

   Aspecto clave: Un buen contrato debe definir claramente las obligaciones y derechos de cada parte, estableciendo qué se espera de cada una. Esto incluye plazos, calidad del servicio o producto, condiciones de entrega, entre otros detalles.

   Estrategia: Divide las obligaciones de las partes en secciones claras. Por ejemplo, en un contrato de compraventa, identifica qué bienes se transfieren, cuándo se deben entregar, y qué sucede si la calidad del producto no cumple con las expectativas. Utiliza gráficos o tablas si es necesario para ilustrar los derechos y obligaciones.

   Aspecto clave: Un contrato debe prever qué sucederá en caso de incumplimiento por cualquiera de las partes. Esto incluye sanciones, indemnizaciones, y condiciones para la resolución anticipada del contrato.

   Estrategia: Incluye cláusulas detalladas que indiquen cómo y cuándo una parte puede terminar el contrato, y cuáles serían las consecuencias de no cumplir con las obligaciones. Establece periodos de notificación y posibles medidas de remediación. Ejemplo: un contrato puede prever que el incumplimiento grave de las obligaciones permite a la otra parte resolver el contrato de manera inmediata.

   Aspecto clave: En contratos que implican la divulgación de información sensible o la creación de productos intelectuales (como software, invenciones, o contenidos artísticos), es esencial proteger estos derechos.

   Estrategia: Asegúrese de incluir cláusulas de confidencialidad que especifiquen qué información se considera confidencial y cómo debe ser tratada. También, defina quién posee los derechos sobre cualquier propiedad intelectual creada durante la vigencia del contrato, y qué sucede si una de las partes incumple las obligaciones de confidencialidad.

   Aspecto clave: Las cláusulas de ley aplicable y jurisdicción determinan qué normatividad regirá el contrato y en qué tribunal se resolverán las disputas, lo cual es esencial en contratos con partes en diferentes países o regiones.

   Estrategia: Recomiende a sus clientes que opten por un marco jurídico que les resulte favorable. En contratos internacionales, las partes pueden optar por la ley de un tercer país que les ofrezca garantías. Si es posible, considere opciones como el arbitraje internacional para evitar litigios largos y costosos.

   Aspecto clave: La cláusula de fuerza mayor protege a las partes en caso de que un evento fuera de su control, como desastres naturales o guerras, haga imposible cumplir con las obligaciones contractuales.

   Estrategia: Incluya una lista específica de eventos que se considerarán fuerza mayor, como terremotos, pandemias o actos gubernamentales, y detalla cómo estos eventos afectarán las obligaciones de las partes. También puede prever un mecanismo para renegociar el contrato o suspender temporalmente sus efectos en caso de fuerza mayor.

  Aspecto clave: Antes de redactar o revisar un contrato, es esencial conocer las leyes y normativas que podrían afectar su validez o cumplimiento, tanto a nivel local como internacional.

   Estrategia: Manténgase actualizado en cuanto a las leyes y regulaciones aplicables al área específica de su cliente (como normativas laborales, fiscales o comerciales). En ciertos sectores altamente regulados, como la energía o las telecomunicaciones, es importante consultar con expertos en la materia para evitar problemas de cumplimiento normativo.

   Aspecto clave: Un contrato bien redactado debe prever qué tipo de pruebas serán necesarias para demostrar el cumplimiento o incumplimiento de las obligaciones, así como los mecanismos para su ejecución.

   Estrategia: Incluya cláusulas que permitan la recopilación de pruebas de cumplimiento, como la obligación de presentar informes de avance o documentación que demuestre la entrega de productos o servicios. Además, considere incluir una cláusula de arbitraje o mediación como medios de resolución de disputas, en lugar de recurrir directamente a los tribunales.

   Aspecto clave: La asesoría jurídica debe ser proactiva, anticipando posibles problemas futuros y brindando soluciones preventivas para mitigar riesgos.

   Estrategia: Al asesorar sobre un contrato, no solo evalúe los problemas actuales, sino también posibles cambios en el mercado, la legislación, o las circunstancias de las partes. Proporcione a su cliente recomendaciones sobre cómo protegerse ante estos riesgos. Por ejemplo, sugerir la inclusión de cláusulas de ajuste de precios en contratos a largo plazo para contrarrestar la inflación.

Brindar una buena asesoría jurídica en materia de contratos implica no solo revisar y redactar documentos legales, sino también prever riesgos y ofrecer soluciones claras y seguras para proteger a tu cliente.


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Imagen que muestra una mano sosteniendo un contrato mientras se escribe con un bolígrafo. El texto destaca la especialidad en redacción de contratos, mencionando que es 100% en línea y dura 18 meses.

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