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Leer a Carnelutti

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CÓMO SE HACE UN PROCESO

Francesco Carnelutti

<strong>Miguel Carbonell</strong> <strong><a href="https://miguelcarbonell.me/wp-admin/post.php?post=5586&action=edit#_ftn1">*</a></strong>
Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

 El presente texto aparece a modo de “Presentación” de la obra de Carnelutti publicada por el Centro Carbonell.

Italia es el país que más ha aportado a la cultura jurídica de la humanidad. Desde el derecho romano hasta las más recientes teorías del garantismo jurídico, los juristas italianos han estado siempre pensando de manera vanguardista en las instituciones jurídicas y construyendo ideas que han permitido el perfeccionamiento del derecho. No se me ocurre alguna otra nación que haya hecho tantas y tan relevantes aportaciones al mundo jurídico como Italia.

© Centro Carbonell Online

Y dentro de tales aportaciones han destacado las relativas al derecho procesal. Basta recordar nombres tan relevantes como Giuseppe Chiovenda, Piero Calamandrei, Mauro Cappeletti o el del autor del libro que ahora presentamos: Francesco Carnelutti. Se trata de verdaderas leyendas del procesalismo científico, cuyas obras constituyen lecturas obligadas para los abogados del siglo XXI. “Cómo se hace un proceso” es el último libro publicado en vida por Carnelutti. Apareció en Italia en 1964 y su autor falleció el 8 de marzo de 1965. Se trata de un texto breve, que tiene un propósito de difusión y que, a diferencia de muchas otras obras del autor, no se propone realizar una exposición científica o profunda de los temas abordados. De hecho, el texto es el resultado de un guion preparado para ser leído en transmisiones radiofónicas, práctica que es relativamente común en Italia, como forma de hacer llegar el conocimiento de los especialistas en diversos campos de la ciencia a la ciudadanía.

En América Latina sería interesante poner en marcha un proyecto semejante, puesto que en la actualidad nuestros medios masivos de comunicación en vez de contribuir a educar a los ciudadanos hacen su mayor esfuerzo para perpetuar la ignorancia y el chismorreo que por décadas han caracterizado a nuestras sociedades.

Carnelutti destaca en su libro la atención que generan los procesos judiciales en la opinión pública y la poca comprensión que se tiene sobre su funcionamiento. Tenía mucha razón el autor cuando escribió su texto, pero la sigue teniendo hoy en día, más de cinco décadas después. En nuestro tiempo también hay un seguimiento masivo de las actuaciones judiciales, aunque la incomprensión de la que hablaba Carnelutti se ha multiplicado por mil, debido a las informaciones sesgadas, incompletas o de plano falsas que con frecuencia se transmiten a través de las redes sociales. Internet se ha convertido en un megáfono de lo que sucede en las salas de audiencia, pero a veces es un megáfono que distorsiona, engaña y falsifica la información.

© Centro Carbonell Online

Incluso antes de la masificación del internet, la televisión también generó un impacto inaudito de los procesos judiciales. Basta recordar el caso contra OJ Simpson en Estados Unidos, seguido por millones de telespectadores durante meses, o el caso de Florence Cassez en México, basado en un “montaje televisivo” orquestado por las autoridades con la complicidad (impune todavía, por cierto) de las dos principales televisoras del país.

Tiene razón Carnelutti cuando afirma que

“El interés del público, que constituye una especie de halo en torno al proceso, es el signo infalible del drama que en él se ventila, así como de su valor para la sociedad y para la civilización”.

© Centro Carbonell Online

Y esto es cierto porque, en efecto, la existencia de tribunales y procedimientos jurídicos para dirimir conflictos entre los particulares, o entre los particulares y las autoridades, es una de las mayores expresiones de la civilización humana: acudimos a tribunales a reclamar nuestros derechos cuando hace apenas unos siglos nos matábamos entre nosotros para arreglar los problemas en el seno de la sociedad. Nos recuerda el autor esa máxima que formularon ya los romanos:

El proceso judicial existe para evitar que los ciudadanos lleguen a las armas (“Ne cives ad arma veniant”).

Diría que hoy es más urgente que nunca difundir, incluso y antes que nada entre los estudiantes de derecho y los abogados, los conocimientos básicos de la estructura de un proceso judicial, la diferencia entre el proceso civil y el penal, la integración de cada una de sus etapas, el papel que juegan los respectivos actores y la forma en que se van resolviendo los temas planteados. El libro “Cómo se hace un proceso” es una excelente herramienta para lograr esa difusión. Además de los temas que aborda el autor, hay que destacar que lo hace con un estilo de exposición muy elegante. Sobrio, pero de una gran elocuencia. Toda una lección de buena escritura para los juristas del siglo XXI. En la colección “Biblioteca Clásica del Abogado” que estamos publicando en el Centro Carbonell nos hemos propuesto rescatar las voces que más trascendencia e impacto han tenido en la historia de las instituciones jurídicas. Empezamos con Hans Kelsen y ahora seguimos con otro clásico como lo es Carnelutti. De esa manera contribuimos a formar lo que podría llamarse el “pensamiento jurídico de base”, el cual requiere precisamente de la lectura de los clásicos, como fundamento esencial para luego poder comprender los arduos problemas de nuestros ordenamientos actuales.

En México se han hecho profundas reformas de carácter procesal. Basta mencionar las que se orientan a robustecer el principio de oralidad procesal, ya presente en materia penal, mercantil, administrativa, familiar y laboral. Para su correcto funcionamiento necesitamos contar con las mejores bases y el pensamiento más claro que tengamos a nuestro alcance. Las palabras de Francesco Carnelutti que encontrará el lector en las siguientes páginas pueden servir para eso y para mucho más. Es una delicia leerlas, por lo que podemos aprender del estilo elegante y culto del autor, pero también por el enorme aprendizaje que nos deja.


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