Por Mercedes Carbonell Peláez Hace poco, en los pasillos de una feria del libro organizada por un Poder Judicial —cuyo nombre omitiremos, aunque podría ser prácticamente cualquiera del país— escuché a un litigante decir: “Si no leo ni el expediente completo, ¿cómo creen que voy a leer un libro entero?”. Más allá del evidente incumplimiento
