En el imaginario colectivo, la abogacía suele asociarse con la habilidad de hablar bien. Se piensa que el abogado es, ante todo, alguien que domina la palabra, que sabe expresarse con soltura y que puede sostener un discurso convincente frente a jueces, clientes o autoridades. Sin embargo, esta percepción resulta profundamente incompleta —cuando no francamente […]
