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El impacto de la inteligencia artificial generativa en el razonamiento jurídico moderno

El impacto de la inteligencia artificial generativa en el razonamiento jurídico moderno

Diplomado en Inteligencia Artificial para la Práctica Legal

Te ofrece una ruta clara y práctica para dominar el uso de IA en el Derecho, desde la arquitectura de prompts hasta la elaboración de documentos, presentaciones y análisis normativo.

Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

La irrupción de la inteligencia artificial generativa (IAG) ha comenzado a transformar silenciosamente —pero de manera profunda— la práctica jurídica. Durante décadas, el derecho se ha construido sobre una lógica de producción humana: los abogados investigaban, analizaban, interpretaban y redactaban argumentos basados en su formación, experiencia y juicio profesional.

Esa arquitectura cognitiva está cambiando a gran velocidad. Hoy en día los modelos de lenguaje como ChatGPT y otros semejantes pueden producir, en segundos, textos jurídicos completos, bien redactados y estructurados de manera aparentemente impecable.

Pero ¿qué significa esto para la argumentación jurídica? ¿Estamos ante un simple aumento de productividad o ante una modificación radical del ecosistema epistemológico del derecho?

La inteligencia artificial generativa no es una herramienta más: es una tecnología que produce lenguaje jurídico, sintetiza fuentes, organiza información, genera razonamientos y propone estructuras argumentativas. Esto altera significativamente el entorno en el que los juristas operan.

Hombre con traje sentado frente a una laptop, sonriendo mientras sostiene unas gafas, en un entorno de oficina iluminado.

Durante el siglo XX, el prestigio profesional del abogado se basaba en la capacidad de:

  • encontrar información relevante,
  • recordar normas y precedentes,
  • redactar argumentos complejos,
  • estructurar la teoría del caso,
  • dominar las técnicas de la interpretación jurídica.

La abundancia de información —y ahora la capacidad de síntesis instantánea que ofrece la IA— ha desplazado el valor diferencial del buscador de datos al evaluador de datos. Hoy, el abogado deja de ser un artesano que produce cada palabra y se convierte en un curador que selecciona, depura, verifica y fortalece la información que la inteligencia artificial genera.

Esta transición no disminuye la importancia del abogado: la incrementa. Si antes la clave era encontrar información, ahora la clave es discernir qué información es verdadera, sólida, coherente y jurídicamente válida. Se trata de un cambio estructural del que debemos estar advertidos.

La IA puede ser utilizada estratégicamente en varias dimensiones:

  • Redacción inicial: borradores de demandas, informes, opiniones legales.
  • Organización probatoria: cronologías, síntesis de testimonios, análisis de contradicciones.
  • Exploración jurisprudencial: identificación de patrones, similitudes y criterios relevantes.
  • Derecho comparado: análisis instantáneo de modelos regulatorios en distintas jurisdicciones.
  • Generación de contraargumentos: simulación de posiciones adversas para mejorar la teoría del caso.

En términos de productividad, la IA ha democratizado capacidades que antes solo estaban al alcance de grandes despachos con equipos numerosos. El reto ahora es que las firmas legales pequeñas o medianas sepan utilizar adecuadamente las capacidades de la inteligencia artificial para poder competir con los despachos grandes.

Dos hombres en una reunión, uno sentado frente a una computadora portátil, el otro explicando algo. Ambos lucen enfocados en la conversación.

El problema no es que la IA cometa errores; el problema es cómo los comete.
La IA redacta con enorme confianza y claridad, lo que puede llevar a que abogados inexpertos —o incluso algunos que podemos considerar como muy experimentados— acepten como válidas afirmaciones incorrectas.

Entre los errores típicos están:

  • citas inexistentes,
  • precedentes inventados,
  • interpretaciones normativas sesgadas,
  • mezclas de sistemas jurídicos,
  • inferencias fácticas sin sustento probatorio.

Esta “impostura epistémica” representa un riesgo real para la calidad del razonamiento jurídico si no existe una verificación cuidadosa.

La inteligencia artificial no libera al abogado de su responsabilidad; la incrementa.
Cada palabra presentada en juicio, cada argumento entregado a un cliente y cada análisis jurídico debe ser objeto de verificación independiente.

En muchos países ya se han documentado casos de abogados sancionados por presentar escritos basados en jurisprudencia inventada por IA. El mensaje es claro y me parece que todos debemos entenderlo: el operador jurídico no puede delegar su juicio profesional en una máquina.

El futuro de la práctica jurídica será híbrido. La IA será una herramienta esencial, pero la argumentación auténtica seguirá siendo humana. La IA puede producir texto, pero no puede:

  • ponderar derechos,
  • comprender valores constitucionales,
  • interpretar normas desde su finalidad,
  • asumir responsabilidad institucional,
  • evaluar proporcionalidad,
  • ejercer juicio prudencial en casos especialmente complejos.

Por ello, el papel del jurista se volverá más estratégico: deberá integrar información generada por IA en un razonamiento jurídicamente sólido, verificable y coherente con la estructura constitucional.

Mujer de negocios con gafas trabajando en un escritorio moderno, escribiendo en un documento y mirando una computadora portátil.

La inteligencia artificial generativa no sustituirá al abogado. Transformará, eso sí, su función. El valor del abogado del futuro no estará en su capacidad de producir grandes cantidades de texto, sino en su capacidad para comprender, evaluar, verificar y articular razones jurídicas auténticas, especialmente en un entorno donde la IA puede producir texto convincente sin comprender la razón de ser del derecho o la finalidad  que intenta lograr una determinada norma jurídica.

El derecho no es un sistema de datos: es un sistema de razones.
Y mientras la IA produce datos, los abogados seguirán siendo los autores de las razones.


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Dos personas sonrientes en una reunión, presentando información sobre una maestría en Argumentación Jurídica 100% en línea, con detalles sobre clases y duración.
Grupo de personas participando en una clase interactiva sobre el Máster en Razonamiento Probatorio, con notas adhesivas visibles en una pizarra.

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