¿Cómo establecer metas cumplibles?
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Mercedes Carbonell Peláez
En vísperas del Año Nuevo, muchas personas nos tomamos un momento para mirar hacia atrás y reflexionar no sólo sobre lo que hemos logrado, sino también sobre aquello que queremos construir en el año que comienza. Este ejercicio de balance suele ir acompañado de una pregunta clave: ¿cuáles serán los objetivos para 2026?
Pensar en metas es importante, pero no basta con eso para generar verdaderos cambios. Para que los propósitos de Año Nuevo no se queden en buenas intenciones, es fundamental plantearlos de forma clara, realista y, sobre todo, accionable. En este contexto, existe un marco ampliamente utilizado para la definición de objetivos: el enfoque SMART, por sus siglas en inglés.
Este modelo propone que las metas deben ser específicas (Specific), medibles (Measurable), alcanzables (Achievable), relevantes (Relevant) y delimitadas en el tiempo (Time-bound). Aplicar este enfoque permite transformar ideas generales en objetivos concretos, aumentando significativamente la probabilidad de cumplirlos. A continuación, revisemos qué implica cada uno de estos elementos.
Objetivos específicos
Una meta específica es aquella que no deja lugar a ambigüedades. No basta con formular un deseo general; es necesario definir con claridad qué queremos lograr y cómo se verá ese logro en la práctica.
Por ejemplo, decir “quiero leer más” es un buen punto de partida, pero resulta no es suficiente. Para hacer esta meta en una versión específica podríamos plantearla como “leer un libro nuevo al mes durante 2026” o “leer diez libros a lo largo del año”. Incluso podemos afinar aún más el objetivo: ¿cuántos de esos libros serán novelas?, ¿cuántos de no ficción?, ¿cuántos serán técnicos especializados en nuestro ámbito laboral?, ¿habrá espacio para poesía? Entre más detalles tenga la meta, más clara será la ruta para alcanzarla.
Objetivos medibles
Para que una meta sea medible es necesario acompañarla de criterios claros para poder evaluar el nivel de avance en su completitud. La medición nos permite saber si estamos avanzando conforme a lo planeado, si vamos atrasados o si ya hemos alcanzado el objetivo. Esto está estrechamente relacionado con el nivel de especificidad que logremos con el punto anterior.
Siguiendo con el ejemplo de la lectura, establecer metas como “leer al menos diez páginas diarias” o “terminar un libro cada mes” facilita el seguimiento. A mitad de año podremos saber con precisión si hemos leído seis libros, si vamos por delante del plan o si es necesario hacer ajustes. La medición convierte el propósito en algo verificable y tangible.
Objetivos alcanzables
Un objetivo alcanzable es aquel que toma en cuenta nuestro contexto, tiempo y recursos. Esta característica busca evitar metas desproporcionadas. La falta de realismo suele ser contraproducente, pues puede generar desgaste innecesario o frustración si no logramos cumplir lo que nos propusimos.
Esto implica encontrar un equilibrio entre plantear metas que representen un reto y aspiren a la mejora, y reconocer nuestras capacidades y límites actuales. Por ejemplo, “estudiar algo nuevo” es un objetivo loable, pero dependiendo de nuestra carga laboral y personal, puede resultar poco viable regresar a la universidad de tiempo completo o iniciar un programa largo. En cambio, analizar nuestra disponibilidad y las opciones existentes —como diplomados de corta duración o programas sabatinos— puede ser un primer paso más realista y lo suficientemente sostenible como para acabar el programa académico.
Objetivos relevantes
La relevancia de una meta tiene que ver con su sentido y su alineación con nuestros objetivos más amplios. Un objetivo relevante es aquel que responde a una necesidad real: profesional, académica o personal.
Siguiendo con el ejemplo del aprendizaje, no cualquier curso o diplomado será igualmente significativo. La meta cobra relevancia cuando el contenido elegido se relaciona con nuestro trabajo actual, con el perfil profesional que queremos fortalecer o con el cambio que deseamos impulsar en nuestra trayectoria. Así, “estudiar un curso en criminología” puede ser especialmente relevante para quien trabaja en el sistema penal o “un diplomado en derecho de daños” puede abrir nuevas áreas de especialización o ejercicio profesional. Cuando la meta se conecta con un propósito mayor, se vuelve más fácil sostener la motivación necesaria para cumplirla.
Objetivos con un tiempo definido
Finalmente, para que una meta sea realmente accionable, debe estar vinculada a un plazo concreto. Sin una referencia temporal, los objetivos tienden a postergarse indefinidamente.
Es importante reconocer que algunas metas pueden superar el horizonte de un año y formar parte de un plan de mediano o largo plazo. Aun así, deben plantearse con claridad en términos de tiempo. En lugar de decir “algún día quiero estudiar un diplomado”, resulta mucho más eficaz definir “inscribirme en un diplomado en el Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares” o “concluir una maestría grabada en derecho laboral en un plazo de año y medio”. Establecer fechas claras permite organizar mejor el tiempo, dividir la meta en etapas y evaluar avances de forma periódica.
Conclusión
Plantear metas cumplibles es una forma consciente de dirigir nuestro esfuerzo y nuestro tiempo hacia aquello que realmente es importante. En este cierre de año, vale la pena tomarnos unos minutos para revisar nuestros aprendizajes, identificar lo que queremos fortalecer y transformar los propósitos para 2026 en objetivos que sean claros, realistas y alineados con nuestra vida tanto personal como profesional. El enfoque SMART no garantiza resultados inmediatos, pero sí ofrece una herramienta concreta para pasar de la intención a la acción. El reto está ahora en ponerlo en práctica.