Cuando acudimos al médico, confiamos en que recibiremos la mejor atención posible. Sin embargo, cada intervención médica conlleva riesgos: desde una cirugía mayor hasta un procedimiento aparentemente sencillo como la aplicación de un medicamento. Ante esa realidad, surge una pregunta fundamental: ¿cómo se garantiza que el paciente conoce los riesgos y acepta voluntariamente el tratamiento?
